Esperando

Era la quinta vez en un minuto que Bautista miraba su celular. Lo sabía porque la hora no había cambiado; la pantalla marcaba las 02:49. Aunque el mensaje se lo había enviado temprano, a las 19:23, en el fondo de su corazón yacía una pequeña esperanza de que quizá, solo quizá, recibiría una respuesta. "¿Nos vemos hoy?" le había escrito, y estaba seguro de que lo había leído porque los tildes azules del WhatsApp se lo confirmaban, pero seguía esperando. Bautista tenía que aceptar la realidad por más que le doliera muchísimo. Desde el principio, cuando conoció a Allegra, supo que las cosas no iban a ser como él quisiera; ella iba a llevar las riendas de todo, y él estaba dispuesto a aceptarlo si eso significaba obtener un poco de atención. Pero cuando los sentimientos se involucraron, todo se volvió un poco más complicado. Ya no podía verla sin querer abrazarla, no podía saber que ella tenía frío y no prestarle su buzo, no podía irse a dormir sin saber si ella estaba bien, ni podía si quiera pasar un día sin hablarle. ¿Por qué la quería tanto si ella nunca, nunca le había demostrado una pizca de cariño o aprecio? ¿Qué era lo que tanto admiraba de ella? Quizá su forma de ser tan libre, tan alegre haciéndole honor a su nombre, tan independiente y tan interesante. La primera vez que la vio no se imaginó que algún día ella significaría algo tan profundo para él. Sin embargo, recordaba ese día a la perfección: "¿Tenés fuego?" fueron las primeras palabras que escuchó de ella. En ese momento Bautista fumaba y siempre llevaba un encendedor en su bolsillo, sobre todo cuando iba al boliche, como aquella noche. Se lo dio y de un instante a otro se sintió maravillado por una conversación trivial sobre gustos musicales con ella. Esa noche se besaron nada más, y ninguno de los dos pensaba que se volverían a ver. Pero la vida siempre tiene preparado algo distinto de lo que queremos o esperamos, y Bautista no era la excepción a la regla: al los dos días se la encontró en un supermercado. De nuevo charlaron, comieron y durmieron juntos a la noche, y al otro día siguieron como si nada, aunque esta vez, Allegra le dio su número de celular. Sin embargo, fue también esa mañana, lluviosa y fresca, que se lo advirtió: "Mira, Bauti, vos me caes genial. Sos un pibe divino. Pero yo no me involucro en nada serio, ¿entendés? Si tengo ganas de verte y vos también, nos vemos, pero si no tengo ganas... no me esperes." Sin querer, Bautista pecó de iluso. Creyó que no se iba a enganchar, que iba a ser algo super pasajero, sin compromiso y solo para divertirse. Pero pasó todo lo contrario, ahora, a las 03:12, seguía mirando su celular y añorando estar en la plaza charlando con ella, tomando mates, o simplemente tirados en la cama compartiendo un poco de música. De repente, algo hizo click en su cabeza. ¿Qué se estaba haciendo a sí mismo? ¿Por qué permitía que alguien lo hiciera sentir así? Claramente él había aceptado lo que ella tenía para ofrecer, pero ahora parecía no ser suficiente. Estaba agotado, cansado de esperarla todo el tiempo, incluso cuando ella le había dicho que no lo haga. A las 03:30 hizo lo impensado, eliminó el número de Allegra. Así, evitaría escribirle y, como consecuencia, también evitaría decepcionarse al no recibir respuesta. Era momento de dejarla ir y dejarla ser, de dejar de ponerle expectativas a una persona que buscaba algo distinto de lo que él buscaba. No la juzgaba en absoluto; todo lo contrario porque Allegra había sido honesta desde el principio. Era él el problema; era él el que necesitaba dar un paso al costado.
Al día siguiente, a las 19:23 de la tarde, le vibró el celular mientras se tomaba una cerveza con amigos. Un número desconocido se leía en la pantalla, y abajo un mensaje que decía "Dale. ¿Mi casa en una hora?" Por un momento estuvo a punto de contestarle, su cabeza le decía que no pero su corazón saltaba de alegría por un sí. Pero no; dijo basta. Basta de esperar algo que no va a pasar; el cariño que Bautista buscaba no lo iba a encontrar en ella. Abrió el mensaje y lo cerró. Después guardó el celular en el bolsillo y siguió hablando con sus amigos. Lo que sentía por Allegra se le iba a pasar, de eso estaba seguro, pero si seguía estando ahí para cuando ella quisiera... quién sabe cuanto tiempo estaría esperando.

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