...

“…Y cuando lo miró, de un momento a otro, los problemas ya no existían. Quizá el mundo estaba lleno de cosas feas, pero para ella, en ese instante, lo único importante eran sus ojos. Él le transmitía todo lo que buscaba: paz.
Podían pasar días, semanas, meses y hasta años, pero nada podía cambiar que el corazón se le acelerase al verlo. Era algo automático y estaba fuera de sus manos el poder controlarlo. Le bastaba simplemente saber que estaba feliz y que su sonrisa seguía intacta. Las posibilidades de que él la viera de la misma forma eran prácticamente nulas, pero, por favor, ¡qué hermoso era querer, y aún más con esa intensidad! Para ella, el dolor desaparecía si él estaba presente. Escucharlo hablar, poder darle un abrazo y verlo reír era el premio mayor, pero ojo, también amaba ofrecerle un hombro, secarle las lágrimas y entenderlo. Cuando estaban juntos, para ella nada parecía imposible. Sentía que podría tocar el cielo si así lo quisiera, porque los límites se borraban, las agujas del reloj no se movían, y el sol y la luna se turnaban para salir de a ratitos. Cuando se miraban, cuando los ojos de ambos se encontraban, parecía que la magia surgía, y si se tomaban de las manos, cientos de chispas volaban por el aire. Era más que química, era más que cariño, era más que adoración. Era querer arriesgarse el uno por el otro, era dar todo sin buscar recibir a cambio, era un lazo inquebrantable; era AMOR. Y sí, no había otra palabra para definirlo. ¿De qué les serviría negarlo? Eran un par de tontos enamorados; ella tan segura de lo que sentía y tan segura de que él no se sentía igual, y viceversa. Porque si ella supiera qué sentía él cada vez que la miraba, la historia hubiera sido distinta. Para él, no había nada más brillante que su mirada, y nada más hermoso que su sonrisa. Pero lo que más amaba, su sonido favorito, y lo que más le gustaba oír era su risa: era una caricia al alma. ¿Podría decírselo algún día? El miedo al rechazo era enorme, pero allí, en el fondo de su corazón, albergaba una pequeña luz de esperanza que le decía que sus sentimientos serían recíprocos. 

De todas maneras, mientras seguían así, amándose en silencio, ahí estaban, sentados, de la mano, mirándose, jugando, escuchándose y siempre, pero siempre, juntos.”





© Guadalupe Alvarez 

Comentarios

Guada Navarro ha dicho que…
Hola! No sé si recordaras mi viejo blog, era warinmyheart.blogspot.com, estoy volviendo de a poquito a escribir ya que desgraciadamente perdi la contraseña del anterior, te invito a que pases al nuevo <3

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